En el proceso de implantación de programas de orientación deben tenerse presente una serie de condiciones y deben seguirse una serie de pasos a fin de asegurar el éxito de la empresa. De no tener presentes estos requisitos metodológicos, el orientador se podría estrellar en una tarea improductiva. A continuación se exponen las condiciones y pasos a seguir al iniciar la implantación de programas de orientación según Bisquerra (2008).

Condiciones facilitadoras para la implantación de programas

Algunas de las condiciones que más facilitan la implantación de programas de orientación en los centros educativos son las siguientes:

1. Existencia de un compromiso por parte del orientador y de la dirección del centro para potenciar programas de orientación destinados a todos los alumnos.

2. Voluntad de sustituir ciertas actividades tradicionales, mediante las cuales no se consiguen objetivos particularmente relevantes, o cuyos objetivos pueden lograrse igualmente por otros medios.

3. Voluntad de invertir tiempo y esfuerzos en la planificación.

4. El personal del centro deberá tener algunos conocimientos mínimos sobre técnicas y materiales para realizar programas de orientación.

5. Debe haber personal perteneciente al centro (orientador) con una preparación técnica adecuada para diseñar programas de orientación y proporcionar el asesoramiento necesario para que los docentes puedan aplicarlos (modelo de consulta triádica).

¿Qué pasos hay que seguir en la implantación de programas?

Baker y Shaw (1987: 251-256) presentan una serie de pasos para la implantación de programas de prevención que nos sirven de inspiración para las siguientes propuestas.  Los pasos en la implantación de programas de orientación son las que se proponen a continuación. Estos pasos deben entenderse como sugerencias a grandes rasgos, para tener en cuenta en la planificación y realización de programas de intervención. Las características especiales de cada contexto concreto obligarán a adaptaciones y adecuaciones con características propias.

1. Impulsar la percepción de necesidad y utilidad del programa. Se trata de que el personal docente tome conciencia de la necesidad de integrar la orientación en el currículum académico. Reviste especial relevancia el contactar con los docentes de más prestigio y/o que ejercen un cierto liderazgo. Los docentes son el núcleo en la aplicación de programas integrados. El papel de la dirección del centro y la jefatura de estudios son elementos clave, así como los tutores, que contribuirán a coordinar y dinamizar su aplicación en la medida que también se sientan protagonistas del programa.

Seguidamente se puede pasar a convocar reuniones de área para discutir el proyecto de programa, procurando conseguir la colaboración de la mayoría, pero siempre partiendo de docentes voluntarios, nunca obligados. El claustro de profesores puede servir para exponer el proyecto y en su caso, discutirlo conjuntamente. En este contexto se puede valorar quién puede ser el mejor presentador del proyecto: el director, el orientador, el tutor o el colectivo de docentes que voluntariamente incoará el proceso.

El orientador debe marcar el contexto como «colaborador», lo cual permite establecer una relación con los profesores que facilita su implicación. Esto supone que se presente con «humildad» despojado de arrogancia profesional, consciente de las dificultades de la situación.

El orientador debe pedir y ofrecer colaboración como único medio de intentar la implantación de programas de orientación desde una perspectiva ecológica y holística.

2. Elaborar un documento escrito -Proyecto Educativo de Centro (PEC), Proyecto Curricular de Centro (PCC)-. Plan de Acción tutorial (PAT), etc. En este documento deberían constar aquellos elementos que mejor ayuden a una comprensión del punto de partida y de la propuesta de intervención para su desarrollo, de una manera breve, clara, comprensiva y útil. Así se podrá incluir el resultado del análisis del contexto, de la detección de necesidades, los objetivos, funciones, la planificación de actividades y la evaluación propuesta.

Es muy recomendable que este trabajo lo realice un equipo de personas interesadas y comprometidas con el proyecto. El orientador tiene en esta fase un papel fundamental de ayuda, asesoramiento y soporte que será tanto mayor cuanto más técnico sea el contenido del programa.

El número óptimo de miembros de este equipo se sitúa entre 3 y 5; más de 7 personas suele ser poco operativo. Una vez elaborado el documento, puede presentarse al resto del claustro insistiendo en que la colaboración de más docentes supondrá una mejor consecución de los objetivos.

3. Organizar el grupo, asignar funciones y proceder a la realización de las actividades. En la puesta en marcha del programa conviene tener presente alguna de las consideraciones para la eficacia de un programa de orientación, de donde destacamos las siguientes:

a) No ha sido impuesto bruscamente a la escuela y a la plantilla, sino más bien se ha desarrollado gradualmente.

b) Es idealista en cuanto a sus objetivos y realista en cuanto a su ejecución.

c) Alienta la comunicación continua entre todos los miembros de la plantilla de la escuela.

d) Tiene a su disposición instalaciones especiales

(…)

e) Está entretejido con el plan didáctico.

f) Lleva los servicios de orientación a todos los estudiantes y no solamente a los que se hallan en apuros.

g) Desempeña un papel importante en el programa de relaciones públicas de la escuela.

h) Está constantemente concentrado en un proceso de autocrítica.

i) Garantiza una prestación equilibrada de los servicios que ofrece a los alumnos.

4. Asegurar la continuidad del programa. Para asegurar que el programa tenga una larga vida es importante que, como mínimo, haya una persona entusiasta y comprometida con él. Las personas más apropiadas para ello, son sin duda, un pequeño equipo de docentes con el soporte del orientador. Durante todo el proceso de realización es importante mantener informados a todos los profesores. Esto se puede hacer a través de la difusión de hojas informativas o mediante reuniones periódicas. Sin embargo es importante no abusar de estos recursos.

5. Evaluación. Los programas de orientación parten de un diagnóstico inicial de necesidades y de una identificación de potencialidades. El contraste de los resultados con dicha situación inicial proporciona una primera aproximación a la evaluación. Es tanto o más importante desarrollar mecanismos de retroalimentación del proceso de intervención a medida que se trabaja. Además, cuando se termina la aplicación del programa y/o anualmente debería realizarse un proceso de registro de la evaluación del programa, del cual convendrá guardar una copia para futuras consultas o procesos de mejora. La evaluación contribuirá también a mejorar aspectos del currículum, la metodología docente, la organización de recursos, etc.

La evaluación debe planificarse antes de la aplicación del programa. Esto no es simple ni fácil pero, a medio plazo, supondrá la manera más sencilla y fácil de mejorar no sólo los procesos actuales sino también la institución educativa.

Baker, S. B. y Shaw, M. C. (1987). Improving counseling through primary prevention. Columbus, Ohio: Merrill Pub. Co.

Bisquerra, R. (Coord.) (2008) Modelos de Orientación e Intervención Psicopedagógica. Bilbao: Nolters Kluwer Educación

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