La concepción constructivista en la consulta

La consulta colaborativa se ajusta a la concepción constructivista de los procesos de enseñanza-aprendizaje. En efecto, consiste en un proceso de ayuda a los mediadores (profesorado, tutores, familia, institución) para construir esquemas de conocimiento con la finalidad de que las representaciones que se hagan de los procesos educativos sean más apropiadas. Para que esto sea posible debe producirse previamente un “desequilibrio” cognitivo por parte de los mediadores, mediante el cual se produce una toma de conciencia de sus insuficiencias para afrontar los retos que se les plantean.

El proceso de consulta proporciona una “reequilibración posterior”. Hacer esto posible no está exento de serias dificultades. La concepción del orientador como agente de cambio es un elemento clave en este proceso de construcción conjunta del conocimiento para pasar a la transformación del sistema de forma colaborativa.

Bisquerra, R. (Coord.) (2008) Modelos de Orientación e Intervención Psicopedagógica. Bilbao: Nolters Kluwer Educación

El modelo de consulta colaborativa es un enfoque tan efectivo como complicado. Efectivo porque al implicarse mediadores que están en constante contacto con el usuario indirecto, se consiguen más objetivos que si se tratara una vez a la semana con el asesorado final. Y complicado porque es evidente que requiere un esfuerzo por todas las personas implicadas, que muchas no están dispuestas a continuar durante todo el proceso. Es labor de los profesionales de la orientación de concienciar de la importancia de su implicación y colaboración para conseguir cambios en lo que nos proponemos.

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La consulta colaborativa

¿Qué ocurre cuando un profesor tutor acude al orientador porque no sabe cómo actuar con un niño al que el grupo rechaza? Pues este sería un claro ejemplo de consulta colaborativa.

Este enfoque puede enfocarse como un modelo de resolución conjunta de problemas. Se trata de un proceso de aprendizaje consciente, colectivo y sistemático. Dicho en otras palabras: es buscar una construcción conjunta del conocimiento que permita la solución colaborativa del problema.

En primer lugar conviene identificar las personas clave que pueden conocer la historia y todos los aspectos que constituyen la microcultura y la micropolítica en la que se va a realizar el asesoramiento, aunque no vaya a trabajar con todos. En este caso, por ejemplo, podría hablarse con otros profesores para conocer más datos sobre la conducta del niño rechazado y la conducta del grupo. También con los padres o tutores, para conocer cómo se muestra el niño en el entorno del hogar, si se siente cómodo, si expresa lo que siente, si ha explicado lo que le ocurre en el colegio o por el contrario lo oculta… Mediante el diálogo, y de modo lento y continuo, debe conocer las características propias del contexto de intervención. En esta primera fase deber establecerse acuerdos y compromisos de colaboración con el o los consultantes verdaderamente interesados en solucionar el conflicto.  Lo ideal es que se implique a todos los profesores del centro, pero la prudencia puede aconsejar el trabajar con un subgrupo que sea el que realmente haya demandado el asesoramiento.

En la segunda fase de este proceso se desarrolla realmente el el contacto inicial a través de reuniones formales e informales son los profesores. Lo importante es que el contacto termine en un “contrato” o compromiso entre el asesor y el asesorado. Las habilidades del asesor en la fase de contacto inicial se sintetizan en en la capacidad de establecer una comunicación abierta, de influencia mutua, de lograr una credibilidad y legitimidad, de saber romper las resistencias ante el cambio, de saber mantener la confidencialidad y, por último, de establecer un grupo de apoyo o enlace en el centro como en este caso podría ser el Departamento de Orientación del mismo centro, que trabaje en estrecho contacto con el orientador y que asuma la coordinación del cambio cuando sea necesario.

Antes de la elaboración del plan de acción se deben plantear la búsqueda de soluciones, para así no desviar la atención hacia otros aspectos menos relevantes. El plan en sí mismo debe contemplar las secuencias o pasos a seguir, la elimitación de obstáculos para la puesta en marcha, las condiciones temporales y los recursos necesarios, así como las personas encargadas de las diversas tareas.

Durante la puesta en marcha del plan se debe realizar una evaluación procesual y formativa de la marcha de la solución del problema, mediante técnicas diversas de recogida de datos, cuyos resultados deben ser analizados por el grupo de asesorados y asesor.

El modelo de consulta

Como explicamos anteriormente, el modelo de counseling consiste en trabajar directamente con la persona a la que queremos ayudar. Sin embargo, el modelo de consulta existe un mediador entre el usuario y el orientador. Este intermediario puede ser cualquier persona cercana al individuo o grupo de usuarios. De modo que estamos hablando de un modelo de orientación indirecto.

¿Qué ventajas puede tener el modelo de consulta frente al de counseling?

En el modelo de consulta experto, se pierde el contacto directo con el orientado, sin embargo, es un modelo realista. El orientador no siempre puede dedicar todo el tiempo que sería necesario a cada uno de sus usuarios. Es por esto que se diseña el plan de acción con una persona cercana al orientado. El intermediario puede ser un profesor, un tutor o los mismos padres. Entonces el orientado (OR) está en contacto mediante la consulta con el profesor o el intermediario (PR) para poder guiar al orientado (OR).

                       

El modelo de consulta colaborativa es algo parecido al anterior, sin embargo, se trata de un trabajo conjunto en el que el orientador no actúa como especialista, mostrando algunas herramientas que puedan ser de utilidad para orientar al usuario (OR), sino que los dos (ORPR) construyen juntos el plan de acción y también lo llevan a cabo juntos, aunque el profesor o el padre tome más parte por tener más contacto con el niño.

El modelo de consulta tiene dos metas básicas:

1) Aumentar la competencia del consultante en sus relaciones con un cliente (alumnos, padres, institución)

2) Desarrollar las habilidades del consultante (OR) para que sea capaz de resolver por só mismo problemas similares en el futuro

Las siete fases del  modelo de consulta

  1. Establecer relación entre el consultor y consultante (habilidades de counseling)
  2. Analizar el conjunto de la situación y clarificar el problema. Definir el problema
  3. Establecer objetivos
  4. Elaborar alternativas
  5. Establecer planes de acción, conjuntamente el consultor y consultante.
  6. El consultante poner en práctica los planes con los destinatarios últimos de la intervención.
  7. Evaluación de la práctica del plan de acción.

¿Qué podemos hacer para regular el aspecto fisiológico?

Como hemos mencionado anteriormente, en nuestras emociones y sentimientos influyen tres grandes componentes: lo neurofisiológico, lo comportamental y lo cognitivo. Dijimos que era difícil influir en el aspecto neurofisiológico, pero no es tan complicado. Los aspectos biológicos que pueden influir en nuestras emociones son también modificables en parte.

¿Pero cómo es esto posible? Evidentemente el cuerpo tiene su fisionomía y formas de regulación por sí mismo, sin embargo, nosotros mismos podemos contribuir a dar salida a esas emociones acumuladas. Todos sabemos que hay personas inquietas, nerviosas, que presentan sudoración en las manos, que no pueden dejar de moverse, que se muerden las uñas, en definitiva, que parece que su influencia neurofisiológica les impide estar serenos, y, por tanto, controlar sus emociones. Pues bien, no es cierto que no podamos hacer nada para dar salida a todas esas tensiones que se manifiestan mediante las respuestas neurofisiológicas de nuestro cuerpo.

Existen dos tipos de técnicas de regulación fisiológica que generalmente dan buenos resultados si se toman ciertos hábitos:

Regulación por descarga:

Se trata de técnicas tan sencillas como hacer cualquier tipo de ejercicio físico, practicar algún deporte, a ser posible al aire libre, practicar tai-chi, o algún arte marcial. A cualquier persona le sienta bien hacer este tipo de actividades para descargar la adrenalina que acumulamos en nuestro día a día durante nuestras rutinas sedentarias. Los niños, más que nadie, necesitan “desfogar” haciendo ejercicio y así liberar las tensiones que acumulan durante la jornada escolar. Es bueno que desde la infancia se tomen hábitos de ejercicio, para así poder descargar la energía acumulada, de una manera atractiva y divertida.

Regulación por reducción de la carga:

Se trata de saber parar en el momento adecuado. Esto es, durante esas actividades diarias que generan tanto estrés, hay que intentar encontrar un momento para parar, relajar la mente, aprender la respiración diafragmática lenta en lugar de hiperventilar, relajar los músculos progresivamente, y así lograr una atención plena a la tarea que nos concierne.

Todas estas técnicas  es muy importante a la hora de conocer y aprender a controlar nuestras propias emociones.

¿Podemos educar las emociones?

En la configuración de nuestras emociones intervieren tres factores fundamentales: las circunstancias neurofisiológicas, la perspectiva comportamental y la cognitiva. Podemos influir en las emociones desde la educación del área comportamental y desde la perspectiva cognitiva desde la persona, ya que lo neurofisiológico es algo biológico que es complicado modificar.

Sí es posible educar en la emoción pero no es una tarea fácil y no todo el mundo está preparado para ello.

¿Cómo se haría?

En primer lugar deberíamos enseñar el vocabulario de las emociones, mostrando al alumno lo que significa la tristeza, alegría, miedo, rabia, amor, vergüenza… En ocasiones nos encontramos alumnos que experimentan alguna emoción o sensación en su vida diaria a la que no saben poner nombre y por lo tanto no saben explicar ni identificar, por lo que  es muy complicado plantearse tareas como la de canalizar o cambiar esa emoción.

En un segundo lugar  podemos realizar con los alumnos un reconocimiento de las emociones (tanto negativas como positivas) que se presentan en la vida diaria, tanto en la propia persona como en los otros. Para ello se pueden plantear situaciones, escritas o vivenciadas donde el alumno pueda identificar la emoción que experimenta cada personaje, dándose cuenta paralelamente del motivo que origina tal emoción y la forma en que se expresa.

Una tercera vía de actuación, podría ser la de enseñar a expresar las emociones. Para ello podemos valernos de la dramatización donde, de manera exagerada o teatral, el alumno encuentra la forma de expresar y dar salida, no sólo a sus emociones, sino a sus pensamientos, ideas, etc.

En cuarto lugar, podemos enseñar a controlar las emociones. Este aspecto es la tarea más compleja. Se pueden utilizar diferentes técnicas de tipo conductual, de relajación…

Estos son sólo cuatro ejes básicos para educar en la emoción. Una vez consideremos que el alumno ya tiene “conocimientos” sobre el área de las emociones, podríamos iniciar ya un trabajo de generalización para estudiar el antes y el después de las emociones. Para ello, podríamos utilizar, por ejemplo, la técnica del semáforo de las emociones. En esta dinámica el alumno debe identificar la emoción, posteriormente debe comprender de dónde procede y finalmente ha de observar cómo se responde o qué conductas puede conllevar para poder elegir la más correcta. También puede llevarse a cabo, con alumnos más mayores, un diario emocional.

 

Para finalizar, añadir que la educación en emociones es tan importante como la educación de materias escolares, pues también es una competencia que, de desarrollarse adeuadamente, puede solventar muchos problemas intra e interpersonales. Además, la educación emocional cobra especial importancia si tenemos en cuenta que el manejo de las emociones tiene verdaderas implicaciones en la memoria y en la conducta.

Emociones: ¿Qué hacer?

Vídeo: Eduard Punset entrevista a Paul Ekman sobre las emociones básicas.

En el cuadro anterior se muestran las seis emociones básicas con sus correspondientes sentimientos. Los seres humanos, nacemos con la capacidad de tener emociones. Aunque no todos   los científicos están absolutamente de acuerdo, una clasificación admitida por una gran parte de los investigadores es la de seis emociones básicas: tristeza, alegría, miedo, ira,  sorpresa y asco. En el vídeo anterior escuchamos a Paul Ekman   (nacido en 1934) hablar de estas emociones.

Paul Ekman es un ilustre psicólogo del siglo XX cuyos estudios permitieron avanzar en el conocimiento de estas emociones básicas. Para su investigación realizó grabaciones en video de miles de rostros de individuos de todo el mundo, de diferentes lugares, culturas y niveles socioeconómicos. Llegó a la conclusión de que hay unas expresiones instintivas universales en el ser humano para cada una de las emociones básicas. En este último enlace podemos observar cómo de rápido podemos identificar la emoción que está sintiendo una persona que expresa un gesto en un sólo segundo.

Como decíamos, se trata de gestos universales que todas las personas hacemos para estas emociones básicas. Como orientadores, es fundamental que prestemos atención a los gestos de nuestro interlocutor para no perdernos ni una sóla mueca, que puede ser la evidencia del sentimiento de la otra persona.  Se considera a la emoción como lo más elemental: tenemos la reacción fisiológica, con una vivencia que puede ser intensa, pero breve. El sentimiento, como derivado de la emoción, es un estado emocional a más largo plazo y con vivencias más duraderas y complejas. Por ello, al identificar una emoción a través de los gestos, podemos deducir qué sentimientos están teniendo lugar en la otra persona, ya no sólo en un sólo segundo, sino durante un periodo bastante más largo de tiempo.

Muchas veces a las personas nos cuesta expresar las emociones, pues la educación emocional aún es una de las asignaturas pendientes de nuestra sociedad. Nacemos y nos acostumbran pronto a no mostrar nuestras emociones, quizá para parecer más valientes o fuertes de cara al resto de personas. Pero esto no es así. Las personas necesitamos expresar lo que sentimos, y es así como podemos lograr ser felices. Los profesionales de la orientación estamos llamados a hacer que las personas que acuden a nosotros, aprendan a comprenserse a sí mismos por medio del estudio de sus emociones. Por ello, en las sesiones de orientación se realizan mapas de emociones. Las emociones, como hemos dicho anteriormente, traen sentimientos de trasfondo. Y en realidad, son estos sentimientos los que nos preocupan, pues traen una carga emocional difícil de controlar. Sin embargo, podemos llevar a cabo ciertas prácticas para canalizar estas emociones.

En el siguiente cuadro podemos ver, por ejemplo, que el tener miedo puede traer consigo una carga emocional como es el temor, que es difícil de controlar. Sin embargo, siempre podemos hacer algo, y en este caso, podemos buscar recursos para vencer el miedo y que éste no se apodere de nosotros. Los miedos se generan a partir de pensamientos infundados, los cuales es posible desmontar analizando cuánto de real tienen esos pensamientos que rondan nuestra cabeza.

Vídeo: El cerebro, teatro de emociones

La actitud corporal en la comunicación no verbal

Nuestro cuerpo transmite emociones y actitudes. En este vídeo se explica cómo las palabras nos permiten transmitir datos, pensamientos, ideas, conceptos… y en cambio el cuerpo transmite sobre todo emociones, sensaciones y actitudes. Se nos ayuda en estas escenas del programa a identificar cuándo una persona está triste o apagada y cuando está activa y predispuesta a una tarea. Es fundamental, que como profesionales de la orientación sepamos leer esta información, que la persona no dice, pero sí expresa. De este modo seremos capaces de empatizar con ellos más faacilmente y ayudarles en lo que necesiten.

Un estudio realizado por el antropólogo Albert Mehrabian lanzó un resultado sorprendente:

Tan sólo un 7 % de la comunicación entre dos personas se realiza mediante palabras. Un 38 % se comunica mediante la voz y todos sus componentes (volumen, entonación…) y el 55 % restante se lleva a cabo a través del lenguaje corporal (gestos, posturas, mirada…).

 La posición del cuerpo nos da señales sobre la predisposición a interactuar de los interlocutores; por ello se habla de posturas abiertas o cerradas.

  • Una posición frente al interlocutor es abierta cuando hay un contacto y una disposición de entrega; es una posición avanzada, donde no se ponen barreras al intercambio.
  • Por el contrario, encontramos como ejemplo de postura corporal cerrada, aquella en la que uno de los interlocutores ofrece una posición desplazada o invertida y se cruza de brazos o de piernas, impidiendo la entrada o acercamiento del otro, y ofreciendo una actitud de desinterés o desconfianza.

En el vídeo que ya analizamos anteriormente con motivo de las entrevistas de counseling, se puede observar cómo la alumna al principio carece de interés impidiendo una buena comunicación con su actitud postural.

El lenguaje de las manos

  • La mano cerrada en un puño es signo de agresividad, tensión contenida.
  • El gesto de frotarse las manos comunica una expectativa positiva. 
  • Llevarse las manos a la cara en sus distintas actitudes (taparse la boca, morderse las uñas, frotarse el ojo…) indica inseguridad y, en muchos casos, mentira y ocultamiento.
  • Tocarse la barbilla es un gesto de duda, de reflexión. Indica que la persona está a punto de tomar una decisión. 
  • Las manos en los bolsillos con los pulgares hacia fuera es un estado de contención; la persona está intentando disimular una actitud dominante o de superioridad. Curiosamente, este gesto suele ir acompañado de un balanceo sobre los pies, que invita a la impresión de tener mayor estatura
  • También es gesto de superioridad mantener las manos cogidas detrás de la espalda; es claro indicador de arrogancia. 
  • La actitud de poner las manos detrás de la cabeza, en posición sentado, es signo de seguridad y confianza en uno mismo. Véase que es una posición completamente abierta. 
  • La persona de pie y con las manos en las caderas está indicando que está preparada para la acción; es una actitud combativa.

El lenguaje de los brazos

  • El cruce de brazos es un gesto muy frecuente. Es una forma de protegerse y pone una barrera frente a los otros. También puede indicar superioridad, acentuándose cuando la persona cruza los brazos manteniendo los pulgares hacia arriba.
  • El cruce parcial de brazos (sujetarse un brazo con una mano) o el hecho de mantener unidas las manos, también son barreras sociales que indican  falta de seguridad y de confianza en uno mismo. También hay gestos de disimulo que sugieren un cruce parcial de brazos, como son tocarse el reloj de pulsera o el puño de la camisa del otro brazo, sostener un bolso entre los brazos o mantener cualquier objeto entre las manos; gestos que implican mantener los brazos en forma de barrera dando sensación de seguridad y ayudando a disimular el nerviosismo.

El lenguaje de la cabeza

Analizamos las tres posiciones básicas de la cabeza:

  • La primera es con la cabeza hacia arriba o “directa”, e indica una actitud neutral con respecto al otro.
  • La segunda es la cabeza inclinada hacia un lado, e indica interés por lo que se escucha del otro.
  • Y la tercera, con la cabeza hacia abajo, señal de negatividad y oposición.

El lenguaje de la cara

  • Aunque forma parte de la expresión facial, la mirada juega, por sí sola, un papel importantísimo en la comunicación no verbal.

“Quien no comprende una mirada, tampoco entenderá una larga explicación “ (Proverbio árabe)

Para entablar una buena relación con otra persona, se le debe mirar a los ojos entre un 60% y un 70% del tiempo. Todo lo menos de este intervalo, implica evitar la mirada del otro y, por tanto, ciertas dosis de ocultamiento y deshonestidad.

La mirada, el movimiento de los ojos, además de proporcionar una gran cantidad de información sobre el otro, refleja una amplia gama de expresiones y sentimientos humanos.

¿Qué es la Programación Neuro Lingüística (PNL)?

La Programación  Neurolingüística surge gracias a las investigaciones  de dos jóvenes estadounidenses: Richard Bandler  (informático) y John Grinder (psicólogo y  lingüista).

La PNL es el estudio de lo que percibimos a través de nuestros sentidos (vista, oído, olfato, gusto y tacto), cómo organizamos el mundo tal como lo percibimos y cómo revisamos y filtramos el mundo exterior mediante nuestros sentidos.

El desarrollo y mejora personal es otro de los campos donde la PNL se mueve con soltura, así en ámbitos específicos como autoestima, asertividad, relaciones de pareja, relaciones interpersonales, conflictos, manejo de crisis personales y orientación hacia el éxito, son sólo una muestra de las posibilidades de aplicación.

Dentro del área educativa hay varias áreas: por un lado en la relación enseñanza-aprendizaje en un contexto práctico y dirigido a resultados y a solucionar problemas de aprendizaje, aumento de la creatividad, aprendizaje de las matemáticas, aprendizaje de la física y la química, etc.. Por otro lado en la mejora de las relaciones en el aula: solución de conflictos en el aula y mejora de la eficacia docente; entre otros.

En el siguiente vídeo se pueden observar algunas técnicas de concordancia para adecuar nuestras palabras a nuestros gestos. Se trata de gestos sencillos y posturas que acompañan el mensaje que emitimos de forma convincente.

Conocer la dinámica de los gestos nos ayuda a interpretar lo que nos cuentan las personas a las que ayudamos en la orientación. A menudo las personas relaizamos gestos insconscientes que muestran nuestra incomodidad, tensión, inseguridad, duda o nerviosismo etc.

Nuestros gestos refuerzan nuestro discurso pero también pueden descubrir que mentimos.

¿Qué NO hacer en una entrevista?

Como orientadores no debemos proporcionar información ni pautas a nuestros usuarios. No debemos abusar de la directividad. En caso de dar alguna información o pauta, hay que saber cuándo hacerlo. Primero hay que saber escuchar y estar en sintonía con la persona a la que tratamos de ayudar. Todo lo que viene de fuera, a la persona a la que eueremos ayudar, puede resultarle inservible debido al escepticismo del inicio de la relación de ayuda. No es fácil pedir ayuda, y cuando las personas dan ese paso, lo que menos necesitan es oir de bocas ajenas lo que “deben” hacer. Como profesionales, no debemos manipular ni influir a la otra persona.

Efectos ópticos

En cuanto a cómo perciben las personas su propia realidad, no debemos tampoco explicarles cómo tendrían que ver las cosas, porque cada persona tiene su manera de vivir y enteneder lo que le ocurre.  Con los efectos visuales que todos conocemos, se ve claramente que donde unas personas perciben algo, otras perciben otras cosas. Y así ocurre en la realidad de la vida: donde unas personas ven un gran problema del que no pueden salir, otras ven una  situación sencilla. Como profesional hay que hacer el esfuerzo de ver lo que ve el otro.

 

En este vídeo se ve cómo muchas veces olvidamos que el resto del mundo tambien son personas, que también tienen sus problemas, y que debemos salir de nosotros mismos para ayudar. Como profesionales de la orientación no debemos quedarnos en las conductas, sino ver qué hay detrás de ellas. Se trata de ponerse en el lugar del otro, comunicar y expresar de manera verbal y no verbal que entiendemos a esa otra persona, y hacerles ver que sabes cómo se sienten y cómo ven el mundo. No se trata de justificar, sólo de entender.

En este vídeo (pinchar en el enlace azúl) nos cercioramos de hasta qué punto es fácil no ver algo de lo que no estás pendiente. A veces pensamos que lo que más le conviene a la otra persona es lo que nosotros pensamos, y no nos paramos a observar qué es lo que está ocurriendo. Esto puede pasar muchas veces cuando ya hemos ayudado anteriormente a una persona con una situación similar, que buscamos las mismas soluciones, cuando cada caso y cada persona es un mundo totalmente nuevo. Incluyo aquí un video con moraleja similar. Para poder verlo, pincha sobre la carta y verás un truco que nos demuestra una vez más que no siempre estamos tan atentos como deberíamos.

En definitiva, se trata de sintonizar con la otra persona y así favorecer la comunicación. La técnica del rapport consiste en mantener el contacto visual, estar pendiente de todo, buscar la sintonía y la conexión con la otra persona. Para que a la otra persona yo pueda transmitirle que entiendo cómo se siente he de utilizar el lenguaje verbal y no verbal.

Es muy importante adecuar el lenguaje a la otra persona. Es fundamental igualar el lenguaje (sistema representacional), reflejar postura, igualar respiración, el tono de voz… Con el rapport no se trata de imitar, sino de llegar a estar en consonancia con la otra persona.  Durante la conversación hacer algún movimiento diferente para comprobar que se ha establecido la sintonía.

Diario de Emociones

¿Cómo ayudar a nuestros orientados a conocer sus emociones y las causas de éstas?

Un diario emocional es un instrumento muy útil para conseguir este fin. Además, no sólo ayuda al usuario, sino también al oreintador a saber dónde y por qué profundizar en algún aspecto emocional de la persona.

¿Qué es un diario emocional?

El diario emocional  no es una técnica de intervención sino más bien un instrumento de gran utilidad para ser utilizado conjuntamente por padres e hijos bajo supervisión del orientador. Por tanto, se trata de un herramienta que suele incorporase como un elemento más dentro de un conjunto de medidas más amplio para ayudar en ciertos problemas de índole o base emocional en algunos niños.

 

¿Cómo hacer un diario emocional?

1º- Hay que delimitar un tiempo cada día para poder estar con el niño. Un buen momento es por la noche justo antes de acostarse (siempre que el niño no esté excesivamente cansado). El tiempo puede ser variable según edad y circunstancias. Normalmente con 15 o 20 minutos puede ser suficiente.

2º- El niño tendrá una libreta (diario emocional) que previamente ha escogido y sea de su gusto.

3º- Los padres conjuntamente o uno de ellos (u otro en su ausencia) pedirán al niño que haga un pequeño balance del día (empezar por las cosas positivas y dejar para el final las negativas). Ahora es el momento de sacar aquellas cosas que no han ido bien y tratarlas relajadamente, con sentido positivo y compartiendo estrategias comunes para superarlas. Según la edad y/o capacidad verbal del niño puede que tenga cierta dificultad para expresarse o no comente aspectos relevantes. Los padres deberán tener la habilidad suficiente para irlo guiando hacia el terreno que deseamos con sutileza. No se trata de recriminar sino de hacerle ver en qué puede mejorar y cómo hacerlo. También de alabar sus cosas buenas.

4º- Si el niño ya sabe escribir y según su capacidad, deberá anotar muy brevemente aquellas cosas que considere relevantes (positivas y negativas) en su diario y lo que es más importante: cómo se ha sentido. Por ejemplo: “hoy el profesor me ha castigado sin recreo y me he sentido triste”. Los padres deben guiarlo en la expresión verbal de lo que ha pasado, cuales han sido las consecuencias y sus sentimientos. No se trata tanto de consolarlo y minimizar los problemas que haya podido tener para tranquilizarlo sino de hacerle saber que formamos un equipo con él y que estamos ahí para ayudarle en lo que necesite. Tampoco se trata de que le hagamos cada día un interrogatorio sino que nos habituemos a hablar acerca de nuestras experiencias diarias. No forzarlo si no lo desea. En este caso recordarle que estamos allí para escucharle y que cuando lo desee estamos disponibles.

 5º- El objetivo fundamental no es tanto la solución de sus pequeños problemas diarios sino la de trabajar la expresión emocional de los mismos para consolidar el hábito de compartir y comprendernos mejorar para minimizar los conflictos. A pesar de que el niño se muestre (normalmente al inicio del programa) reticente a manifestar sus emociones más intimas, el mensaje que recibe es muy contundente: “mis padres están ahí para escucharme”. Ello supone un afianzamiento de su seguridad emocional y de los lazos afectivos e indirectamente se reducen las posibilidades de conductas disruptivas.

6º- Cuando analicemos el día, destacar especialmente los aspectos positivos, los pequeños avances en aprendizaje o conducta. Para finalizar la sesión podemos introducir un pequeño juego o actividad (leer un cuento, etc.).

7º- El registro de todas estas experiencias por parte del niño incrementan su percepción de las diferentes situaciones y el modo correcto de hacerles frente. Igualmente ofrece a lo largo del tiempo información relevante acerca de la evolución del niño en los aspectos trabajados.

8º- El Diario emocional puede tomar diferentes formas y debe ajustarse a las necesidades y peculiaridades de cada familia e hijos.

El Diario no es un tratamiento en sí mismo sino la excusa, el motivo aparente de algo que es más profundo:

Un vehículo para la expresión de los sentimientos y emociones de nuestros hijos como paso previo para comprenderles y hacer que crezcan más fuertes psicológicamente.

Para los niños más pequeños que no pueden todavía escribir, pueden utilizar igualmente una libreta y en lugar de escribir colocaran la pegatina que refleje mejor el estado emocional de ese día. Pueden utilizarse diferentes modelos que expresen diferentes niveles de alegria o tristeza.  A continuación, muestro los Gomets Mr. Smiley comercializados por la empresa Apli en España.

Para niños algo más mayores, que sí sepan escribir, existen otros modelos de herramientas, como un diario de emociones creado por abcteachKIDS, en el que el niño puede describir cuándo se siente de qué forma, sirviéndose de dibujos coloreables para identificar cada emoción.

Este es un ejemplo de pautas para seguir en un diario emocional para personas más mayores: adolescentes, jóvenes e incluso adultos.

¿Qué ventajas tiene hacer un diario de emociones?

 

¿Qué problemas podemos encontrar en su aplicación?